domingo, 14 de noviembre de 2010

Mudarse por mejorarse o de la renovación del arte barroco


Ayer 13 de noviembre se presentó la obra Mudarse por Mejorarse en el Teatro del Centro de las Artes. La dirección escénica así como el diseño de escenografía corrió a cargo de Gerardo Dávila y el diseño musical así como la producción ejecutiva a cargo de María del Carmen Costilla. La obra se caracteriza por ser de Juan Ruiz de Alarcón, afamado dramaturgo y poeta mexicano del siglo XVII, que salió de México a buscarse fortuna en España bajo el cobijo de los grandes como Lope de Vega o Calderón de la Barca.

La obra presenta una tesis fundamental, “mudar los pareceres // con causa, de sabios es”. A través de un complejo enredo de amores característico del teatro de esa época, los personajes cuestionan en escena los verdaderos lazos de amor que unen al hombre entre sí y cómo éstos corresponden (o no) con los complejos lazos sociales que nos hemos creados, como es el matrimonio o el compromiso. Los personajes se disputan amores, engañan y mienten con el fin último de poder demostrar el verdadero amor, sufren calamidades externas a sus designios porque no pueden controlar más allá de sus emociones.

Con actuaciones de Ana Ochoa Valdez, Rafael Reyes-Aboytes, Emmanuel Anguiano Pérez, Carolina Zavala Ortiz, Jonathan Alejandro Machado Durán, Omar Isaías Moreno Silva y José Ivanhoe Vélez Herrera como el criado Redondo, la puesta en escena realizada el sábado 13 se caracterizó por una frescura moderna que dio nuevos bríos a los versos barrocos un poco fuera de época hoy en día. Si bien hubo algunos traspiés de los actores en la modernización de los personajes, como en ciertos versos o en la poca comprensión de ciertas ideas, la nueva vestimenta y la nueva escenografía minimalista da pie a nuevas interpretaciones.

Es de aplaudir la modernización que el equipo productor logró con la vestimenta, la música, la iluminación y la escenografía. Sin embargo, también me resulta importante señalar que cuando se propone modernizar una obra, es necesario también trabajar en la modernización de los personajes más allá de la apariencia. Cuando los personajes hablan de batirse a duelo con las espadas, es necesario que tengan espadas a sus lados o bien que no hablen de espadas y hablen de pistolas. La vestimenta, como bien nos lo ha señalado todo el trabajo de la semiótica del vestido, es un elemento importante que comunica tanto como el habla. Hubo momentos en los que el vestido chocaba con lo dicho con los personajes, mismos que pueden evitarse con una vestimenta más clásica o bien con una modernización y adecuación de los versos de Ruiz de Alarcón.

Sin embargo, las actuaciones de los jóvenes estudiantes lograron cautivar al público y dar vida a los personajes, con menciones especiales de Emanuel Anguiano y Ana Ochoa Valdez, de manera que sí se logró crear en el escenario un espacio que cobijó a los personajes barrocos por unos momentos. La obra de Alarcón es un tratado sobre la fugacidad de las emociones, sobre la banalidad de las normativas sociales establecida en versos como “si os obliga el recato, a mí me obliga el amor”, y sobre el amor como la fuerza más poderosa que mueve al hombre: “tú mudaste voluntad, mas yo no naturaleza”. Estas emociones y estas críticas sociales son las que hacen que la obra se mantenga universal, y las que permitieron al equipo productor acercarla a un público un poco más acostumbrado a recibir obras más contemporáneas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario