viernes, 19 de noviembre de 2010

UN INSTANTE MÁS PARA NO OLVIDAR MIRAR POR NUESTRA PROPIA VENTANA

MIEDOS Y MILAGROS
COMPAÑÍA SUNNY SAVOY
25 años 18 de noviembre 2010
Ayer 18 de noviembre, en el Teatro de la Ciudad hubo danza. Se trató del estreno de Miedos y milagros de la Compañía Sunny Savoy, en el marco de su 25 aniversario de trabajo artístico. Su directora, Sunny Savoy, cumplió también 30 años de trayectoria artística, gran razón de agasajo.

De inicio un emotivo documental sobre quién es Sunny Savoy y cuáles han sido sus sueños y milagros. Luego de pronto invaden la pantalla una serie de pensamientos sobre la humanidad del deseo, su permeabilidad ante los miedos y la posibilidad del milagro…..“Se abre la ventana de nuestra propia verdad” y se levanta el telón.

Cinco ventanas, cinco sombras que con claroscuros van abriéndose ante el público. Todas son sombras femeninas que nos dan la impresión de intimidad y anonimato, como si estuviésemos viendo a un edificio de madrugada cuando sus habitantes comienzan a despertar, prenden las luces y lo primero que hacen es acercarse a su ventana.

El tono musical comienza a acelerar y de pronto ya estamos del otro lado de la ventana. Tenemos enfrente 5 cuerpos que trazan poco a poco una idea personal que se funde con la música y las breves frases de anónimos de fondo. Las ventanas se deslizan y entonces comienza el relato, ese conjunto de emociones, inquietudes, dudas y aspiraciones. Sunny Savoy nos va introduciendo poco a poco a su mirada del ser humano a partir de 5 frases primarias: la figura humana, la niñez, la muerte, el espíritu y lo terrenal.

Primero sombras, sólo figuras evocadas que nos invitan a adoptar alguna de ellas y por qué no, proyectarnos. Luego la niñez y el nacimiento, no importa la edad, pero hay momentos de suma vulnerabilidad, de capricho, de soledad e ingenuidad, de una necesidad por contar con al menos la sombra maternal. En contraste la muerte y la pérdida, el dolor ante aquello que se perdió, el apego a los otros y la lucha por suplirlos. Y entonces lo espiritual, de nuevo las 5 bailarinas como sombras, pero ahora que emanan alma; se deslizan de arriba abajo dejando un trazo detrás y nos recuerdan lo líquido, lo inasible pero perceptible, los que guía las aspiraciones e inseguridades, aquello que no puede explicarse sino con arte. Y finalmente, lo terrenal, el escenario inevitable de lo humano donde converge todo, donde necesariamente hay pasos forzados, inducidos, motivados o hasta obligados. Donde encontramos visceralidad y egoísmo, pero buscamos complicidad, apoyo y compasión.

Miedos y milagros es un viaje por la esencia de la realidad humana, pero no vista desde el conflicto, sino desde el milagro, atravesando el miedo y tratando de rescatar lo mágico de nuestra existencia.

Hoy Viernes, se presenta de nuevo a las 20:30 horas, en el Teatro de la Ciudad de Monterrey. ¡No falten!

domingo, 14 de noviembre de 2010

Nocturnos en Soledad


En el marco del XIII Festival Internacional de Danza-Extremadura-Lenguaje Contemporáneo se presentó ayer 30 de octubre la Compañía Estatal de Danza Contemporánea de Oaxaca. El festival clausuró con la presentación titulada Nocturno, memoria del viento, bajo la dirección general de Alejandra Serret con la participación de Rolando Beattie a cargo de la dirección actoral y la coreografía.
Nocturno, memoria del viento se presenta ante el público como una obra compuesta por cinco escenas o cuadros: fragilidad, susurros, del sigilo, en el silencio y tenue equilibrio. Ocho intérpretes, cuatro hombres y cuatro mujeres, se encargan de presentar en el escenario distintos momentos de la existencia humana, desde la solitariedad intrínseca a nuestra existencia hasta la plenitud que podemos encontrar con el otro.

El contraste es el leitmotiv de la obra que se construye a partir de contrapuntos presentados en cada uno de los danzantes. El introito deja claro el carácter emocional de los artistas: ese let me out nos permite apreciar la liberación que permite el arte, en especial la danza.

Los movimientos lentos y fluidos con los que inicia la liberación se transforman súbitamente, al compás de la música, en movimientos veloces y marcados de energía contenida que busca escaparse a como dé lugar. Poco a poco el escape parece dejar a los cuerpos en simples marionetas que responden a movimientos mecánicos, expresando claramente la fragilidad que envuelve al hombre, especialmente en el ambiente que genera un nocturno como forma poética.

Los susurros que inundan el escenario se escuchan sólo en la cabeza de los danzantes, pero se manifiestan para el público en los movimientos aparentemente desconectados de cada uno de ellos. El efecto creado es entonces uno de baile inconexo, porque el mismo ojo es incapaz de seguir la acción en todo el escenario. Sin embargo, así como el susurro es un sonido que apenas es escuchado por una persona pero puede crecer hasta ser escuchado por muchos, el baile se transforma y va uniendo a los ocho en un complicado entramado que da muestra de la flexibilidad del ser humano en el espacio mismo.
La pasión surge cuando la música se transforma en un tango donde los danzantes en pareja dan muestra de las complicadas relaciones humanas. Por un lado está el calor corporal que motiva la pasión, pero por otro está la seducción amorosa tentadora y aún por otro la pasión rechazada.

Finalmente, aparecen una vez en el escenario las flores físicas que metafóricamente portaban los danzantes en su vestimenta. Este elemento parece remitirnos en mano del joven al claro símbolo del amor que busca que lo correspondan, que inicialmente aparece rechazado pero finalmente encuentra su contraparte.

La soledad inicial da pie a la unión de parejas y grupos, así como el ser humano encuentra en el otro su compañía que permite encontrar más de sí mismo. Los movimientos lentos, casi imperceptibles, de los pasos finales permiten observar el paso lento de la vida, de las emociones humanas, de la existencia misma. 

(des)esperanza


En la Gran Sala del Teatro la Ciudad se presentó ayer sábado 30 la obra En Espera, bajo la dirección de Gilberto González. Participó en la asesoría dramática Juan Ramírez con la colaboración de la agrupación mexicana Onírico / Danza-Teatro del Gesto.

La vida no es más que una gran espera. Los intérpretes Ramón Solano y Miguel Nieto dan vida a dos marineros sentados en un muelle solitario, observando fijamente al mar en búsqueda de alguna señal del barco que vendrá a llevarlos. La utilería en el escenario, a cargo de Onírico, crea la ilusión perfecta de las olas del mar, el muelle y la nube triste que acompaña en su soledad a los hombres.

La mirada perdida de los marineros evoca el hastío de la espera, la desolación de aquel que no puede hacer más que sentarse y aguardar la llegada de alguien que dé sentido y propósito a su existencia. En el intersticio, no queda más que encontrar en el otro el acompañante perfecto para la aventura potencial.
Cada uno de los intérpretes presenta una personalidad  distinta, independiente, pero abierta al juego de dos. El baile surge entonces no sólo como un medio de expresión artística sino más que nada como lo que es, una manera de pasar el tiempo, de encontrar al otro simplemente por encontrarlo, de jugar y divertirse. Pero nunca se debe dejar de estar listo, porque si no pasa el barco y te deja en el muelle.

La música de Pascal Comelade y Raduza ameniza a los marineros en sus bailes, explorando la diversión de sus movimientos que imitan al mar y la tormenta. La mariposa aparece como ese elemento de la naturaleza que por su inocencia divierte y entretiene al hombre en su hastío. La belleza es algo que debe ser rescatado a toda costa, aún los hombres sencillos como los marineros lo saben, y la rescatan del mar.

Pero aún el hombre inocente e infantil contiene dentro de sí los problemas sociales que nos aquejan; las luchas de poder aparecen cuando el periódico se plantea como un elemento que podría desencadenar la muerte de la amistad en la soledad. Pero vence la solidaridad y los marineros prefieren ayudarse entre sí para combatir el hastío.

En la espera, el hombre se alimenta de sueños. La nube es el único sustento de los marineros, en un aparente juego de niños que ensombrece a la sociedad actual cuando los sueños son más grandes que los soñadores. La naturaleza muestra entonces su lado peligroso para el hombre; la tormenta arroja a los marineros de un lado a otros en la deriva sin llegar aún al mar.

El paso del tiempo aparece en los cuadros iluminados, a manera de imágenes estáticas. Este paso sólo motiva la solidaridad en los dos marineros; la espera se alarga y los barcos pasan a lo lejos. El tren que llega por detrás los espanta y hace recordar que la vida contiene más de un sueño; el que elegimos nos marca pero no es el único.

Finalmente y para dejar las cosas en claro, los marineros envejecen en el muelle. Las canas crecen, no hay más que hacer. La fotografía que toman del público no sólo rompe la cuarta pared sino que además los libera de su muelle. La vida es así una gran espera. 

Mi cuerpo se escribe


A partir de la colaboración de Germán Jáuregui y Laboratorio puntoD y bajo su dirección mutua se llevó a cabo ayer viernes 28 la puesta en escena de la obra Testamento en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad. El teatro físico surge como una manifestación alternativa de la danza, donde el cuerpo se expande para expresar no sólo a través del movimiento sino también a través del habla, de la escritura y del espacio.

La muerte es el final de la vida y como tal exige que uno reflexione sobre lo acontecido, lo acumulado y lo olvidado. El testamento como acto de escritura fija la existencia en un papel que no por eso es eterno: el fuego que aparece en el escenario devorando estos papeles cargados de vida da muestra de lo efímero de la existencia. Aparece entonces el cuerpo como el receptor primario de la vida, el texto fundamental sobre el cual se puede escribir y leer.

Con la participación de Cristóbal Barreto, Aladino Blanco, Alondra Castellano, Olga Gutiérrez, G’Ayla Iliria, Adria Rodríguez y Nayeli Santos se observan además las intrincadas relaciones sociales que enmarcan y dan forma a la existencia del ser humano actual. Las cenizas que quedan de ese testamento fugaz escrito ahí mismo se recuperan por los cuerpos como tinta en su interacción veloz pero fugitiva.

Cada uno de los siete danzantes es un texto y como tal entra en contacto con el otro. El papel del escritor se resalta no sólo por su presencia física en la mesa, la pluma y el papel sino también por su interacción con el resto de la sociedad. Así, la escritura aparece porque es el eslabón que une a los cuerpos; los artistas dibujan a través de movimientos sinuosos y fluidos sobre el cuerpo del otro sus emociones y sus caprichos. La acción, que en apariencia es de sujeto-escritor a objeto-papel, se trastorna súbitamente cuando el papel también es un sujeto vivo que se relaciona con otros.

En ese momento se establece el pacto: “me escribo y con ello te nombro”. Ya no se trata simplemente de un testamento individual, sino de varios que se entrelazan entre sí en complicadas relaciones miméticas de las que hoy en día tejen nuestras sociedades. La pasividad a la que aparentemente nos reduce nuestro entorno actual se subraya, el cuerpo rebota incapaz de sostener su propio peso, su propia voz; la escritura ya no es únicamente unilateral sino del otro sobre uno mismo. Los duetos dan lugar a tríos o cuartetos y una vez más los siete danzantes se entrelazan en una escritura con y sobre el cuerpo.

La vista como sentido primario se elimina y los cuerpos se atacan fluidamente hasta quedar seis tendidos como peso muerto: el testamento que nunca se dejó de escribir brilla ahora con su propósito. Pero aún queda esperanza: la vida regresa cuando el otro que aún respira decide compartir su esencia vital (majestuosamente simbolizada con el humo del cigarrillo) con esos cuerpos a través del recuerdo. Compartir el recuerdo es (re)vivir una vez más.

Así, a pesar de estar enterrados los artistas bajo conchas marinas, el espectador descubre que “es mentira que morimos”. Porque al tomar cada quien lo que más quiera de ese cuerpo-testamento renace la vida escrita. El “yo”  deja de ser simplemente eso y se convierte en un “nosotros” íntimamente conectado que resignifica cada una de nuestras acciones, pensamientos y palabras. Queda claro entonces qué tanto “soy la huella que dejaré para mis descendientes”.

La inmovilidad que el texto y la escritura parecen imponer a la existencia se convierte entonces en un juego infinito de posibilidades que Testamento no establece pero sí libera. El espectador se aleja con la tarea de escribir el suyo propio. 

I need you, 'cause without you I am nothing


En el teatro Espacio Rogelio Villarreal de la Facultad de Artes Escénicas de la UANL se presentó ayer jueves 27 de octubre el dueto Domenico Giustino y Olga Gutiérrez en un espectáculo nominado We will announce the title later en el marco del XIII  Festival Internacional de Danza-Extremadura-Lenguaje Contemporáneo. 

La obra, titulada así como una referencia clara al estilo innovador e improvisado que surge de la colaboración entre Domenico Giustino y Hector Thami Manekelha (quien acompañaría originalmente pero no pudo salir de su país natal por causas de fuerza mayor), da muestra de lo que hoy día exige una sociedad cansada de tanta intolerancia, de tanta apatía, de tanto mirar lo mismo.

La colaboración más que la dirección, la exploración más que sola presentación de una idea preconcebida es lo que marcó la velada. Con un introito pausado, cargado de sombras, de incertidumbres y de posibilidades, Domenico y Olga salen al escenario como dos seres en búsqueda de otro.

El autorreconocimiento del cuerpo en el momento y el contexto concreto es tan sólo el primer paso que el Ser debe llevar a cabo para pasar luego al descubrimiento del otro y reconocerlo como un igual. La represión que uno puede ejercer sobre el otro se estira y afloja en una búsqueda que no se conforma con la danza, sino que también explora el tacto, el olfato, la palabra misma. La vista, el sentido más engañoso porque presenta una imagen inconclusa, se niega para que el resto del cuerpo interactúe con el otro.

Una vez reconocidos, los dos cuerpos pueden plantearse sus dudas. ­­¿Qué es ser hombre? ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser un poco machista pero con conciencia? La cuarta pared desaparece y ahora no es sólo un cuestionamiento entre dos sino un cuestionamiento de dos hacia el resto, hacia los espectadores que no pueden más que contestar.

El cuerpo deja de ser simplemente un instrumento de baile y se convierte en un estuche de monerías que contiene voz y movimiento. Luego, la danza se concreta y se enfoca en sí misma para dirigirse a todos en una voz: “les quiero recordar que estamos en un estado de crisis”. Situados en un espacio concreto, la exploración se convierte en manifestación. En una búsqueda de sentido social que va más allá del otro en escena, aún más allá del público y se dirige al cielo eterno que no responde tampoco.

Sí, no, sí, no, sí, no: una sola respuesta que motiva a los artistas. Son dos cuerpos que son dos culturas: la ajena y la propia. Olga da vueltas sobre sí misma como el mexicano da vuelta sobre sus propios problemas, negándose a salir de un solo lugar común. Llega Domenico y la arrastra para juntos explorar nuevas maneras de danzar, nuevas maneras de ser y existir.

Cae la oscuridad y en ella sólo se escucha una voz I need you y unos chasquidos que reverberan en el auditorio generando ecos que se repiten en otras manos. ‘cause without you y los aplausos se multiplican, los ruidos que surgen de la cuarta pared destruida. I am nothing y queda claro que juntos Domenico y Olga han creado una nueva manera de ser que incluyó a todos los presentes. 

Mudarse por mejorarse o de la renovación del arte barroco


Ayer 13 de noviembre se presentó la obra Mudarse por Mejorarse en el Teatro del Centro de las Artes. La dirección escénica así como el diseño de escenografía corrió a cargo de Gerardo Dávila y el diseño musical así como la producción ejecutiva a cargo de María del Carmen Costilla. La obra se caracteriza por ser de Juan Ruiz de Alarcón, afamado dramaturgo y poeta mexicano del siglo XVII, que salió de México a buscarse fortuna en España bajo el cobijo de los grandes como Lope de Vega o Calderón de la Barca.

La obra presenta una tesis fundamental, “mudar los pareceres // con causa, de sabios es”. A través de un complejo enredo de amores característico del teatro de esa época, los personajes cuestionan en escena los verdaderos lazos de amor que unen al hombre entre sí y cómo éstos corresponden (o no) con los complejos lazos sociales que nos hemos creados, como es el matrimonio o el compromiso. Los personajes se disputan amores, engañan y mienten con el fin último de poder demostrar el verdadero amor, sufren calamidades externas a sus designios porque no pueden controlar más allá de sus emociones.

Con actuaciones de Ana Ochoa Valdez, Rafael Reyes-Aboytes, Emmanuel Anguiano Pérez, Carolina Zavala Ortiz, Jonathan Alejandro Machado Durán, Omar Isaías Moreno Silva y José Ivanhoe Vélez Herrera como el criado Redondo, la puesta en escena realizada el sábado 13 se caracterizó por una frescura moderna que dio nuevos bríos a los versos barrocos un poco fuera de época hoy en día. Si bien hubo algunos traspiés de los actores en la modernización de los personajes, como en ciertos versos o en la poca comprensión de ciertas ideas, la nueva vestimenta y la nueva escenografía minimalista da pie a nuevas interpretaciones.

Es de aplaudir la modernización que el equipo productor logró con la vestimenta, la música, la iluminación y la escenografía. Sin embargo, también me resulta importante señalar que cuando se propone modernizar una obra, es necesario también trabajar en la modernización de los personajes más allá de la apariencia. Cuando los personajes hablan de batirse a duelo con las espadas, es necesario que tengan espadas a sus lados o bien que no hablen de espadas y hablen de pistolas. La vestimenta, como bien nos lo ha señalado todo el trabajo de la semiótica del vestido, es un elemento importante que comunica tanto como el habla. Hubo momentos en los que el vestido chocaba con lo dicho con los personajes, mismos que pueden evitarse con una vestimenta más clásica o bien con una modernización y adecuación de los versos de Ruiz de Alarcón.

Sin embargo, las actuaciones de los jóvenes estudiantes lograron cautivar al público y dar vida a los personajes, con menciones especiales de Emanuel Anguiano y Ana Ochoa Valdez, de manera que sí se logró crear en el escenario un espacio que cobijó a los personajes barrocos por unos momentos. La obra de Alarcón es un tratado sobre la fugacidad de las emociones, sobre la banalidad de las normativas sociales establecida en versos como “si os obliga el recato, a mí me obliga el amor”, y sobre el amor como la fuerza más poderosa que mueve al hombre: “tú mudaste voluntad, mas yo no naturaleza”. Estas emociones y estas críticas sociales son las que hacen que la obra se mantenga universal, y las que permitieron al equipo productor acercarla a un público un poco más acostumbrado a recibir obras más contemporáneas.