lunes, 7 de febrero de 2011

El Concreto y la Sed


El pasado 6 de febrero se presentó en la Sala Experimental del Teatro de la Ciudad la obra “El Concreto y la Sed”, bajo la dirección del propio dramaturgo Thierry Thurmel.  La obra contó con la participación de los tres bufones Marlene Danhlí, Luis Escalante y Juan Luna Maldonado, de la compañía “Los Imprudentes”.

A partir de una serie de reflexiones políticas, sociales y filosóficas que no pueden evitar remitirse a las obras de Samuel Beckett y el teatro del absurdo, Thurmel y la compañía logran crear un montaje de escenas que esbozan instantes de la vida urbana. Las relaciones interhumanas que surgen en nuestros días son el tema central de la obra, desde las relaciones de trabajo hasta las de amistad, pasando por la familia, el sexo, la religión, la política, la guerra, la hermandad, el amor, y hasta la botánica.

Los tres bufones se establecen desde su entrada en una jerarquía que se antoja crítica política, ya que aparece primero un hombre de bien, que podría ser político o gobernante, luego un militar por demás caricaturizado con tutú rosa y pañal, y finalmente una mujer enana.

La acción de los personajes en escena está sujeta siempre a los timbres que alguien más emite, dejando claro que la vida actual de la cual ellos son sólo parte a pesar de estas construida a partir de sus imaginaciones no está sujeta a ellos. Es decir, ellos (y nosotros con ellos) no alcanzan a ser sujetos de su propia existencia y se ven obligados a dormir, retirarse, bailar o llorar cuando las situaciones externas lo apremian.

El refrán popular “con dinero baila el perro”, crítica aguda de por sí a la corrupción, se manifiesta en los bailes que el politicazo enfundado en la banda presidencial le hace, obligando también a sus dos amigotes a bailar y enfiestarse cuando el dinero cae del cielo. Pero, hay de la mujer si quiere enfocarse más en un arbolito que en el dinero. Su árbol queda relegado a segundo plano, y el excusado se convierte en, literalmente, un trono importante para el politicazo. De ahí se transporta, lanza discursos, caga, piensa, lo usa como pedestal. Pero es un trono que finalmente sólo puede servir para guardar dinero y nada más. ¿Será una reflexión sobre la fugacidad del sistema económico en cuanto a dinero? ¿O tal vez se trata más bien de la reflexión sobre el sistema político en cuanto a silla presidencial?

Como en el teatro del absurdo, o el teatro de Artaud, los personajes de Thurmel no son simplemente un personaje. Su significación cambia constante, tan intangible como el mercurio; a veces la mujer parecería ser una encarnación de la Patria (idea bastante mexicano-francesa) que permite que el militar crezca en poder sólo a través de violarla, pero que también es capaz de, por así decirle, ponerse los pantalones y subyugar al soldado.

Foto tomada de Le Grand Journal

La religión es uno de los puntos más claramente criticados por los tres personajes. Con sonidos guturales y gruñidos, el politizado apenas escupe algunas palabras: Pecado, Infierno. Pero lo más fuerte es cuando, con una gracia beckettiana, rompen la cuarta pared y preguntan al público, ¿Dónde está Dios?
La construcción de altas torres de cartón parece excitar al politicazo, y rompe en exclamaciones de You are very important people, dirigidas tal vez al público para recalcar la participación de éste en la puesta en escena, o tal vez a los otros dos que construyeron las torres. Thank you boy, thank you girl.

Thurmel se empeña no tanto en escribir una historia y transportar al público a ese espacio ficticio, sino más bien en criticar a la sociedad actual a través de la presentación de breves imágenes puntuales. A veces la confusión, la rapidez de la acción y la falta de diálogos parece comunicar simplemente lo grotesco, pero detrás de los movimientos improvisados hay un razón y un mensaje, o mejor dicho, una multiplicidad de mensajes. El espectador se ve obligado a participar en la puesta en escena y deja de ser un receptor pasivo para convertirse en un miembro más del colectivo.

La obra se presentará el 18, 19 y 20 de febrero en el Teatro del Centro de las Artes. El viernes 18 y sábado 19 la función será a las 20:00. El domingo 20 será a las 18:00.
Para más información, consulte las siguientes ligas.

http://www.losdelcirculorojo.com/article/36940.html

domingo, 6 de febrero de 2011

Lascuráin o la Brevedad del Poder


El pasado sábado 5 de febrero se presentó la obra “Lascuráin o la brevedad del poder” en el Teatro Convex. A partir de un texto de Flavio González Mello y bajo la dirección de Leticia Parra, los actores que participaron lograron escenificar uno de los momentos más irónicos de la historia nacional. Con Alberto Meléndez como Pedro Lascuráin, Jan Marte Contreras como el Ordenanza, Gerardo Alonso Escamilla como el Fotógrafo y Alejandra Silva Salcido como la Telefonista, el elenco de la obra se ve completo y suficiente para plasmar 45 minutos de historia nacional que definieron el rumbo de la Revolución.



En la obra, cada uno de los cuatro personajes se presenta al espectador como la encarnación de distintos ideales revolucionarios. Lascuráin, el amigo íntimo de Madero, es la manifestación física de la lealtad y la nobleza revolucionaria, la urgente necesidad de cambiar a un gobierno por uno más acorde con el pueblo, la fortaleza para luchar en contra de un ejército corrupto pero también la debilidad del simple civil que decide encabezar esta lucha. El protagonista toma la escena apurado por salvar a su amigo Madero de la garras de Huerta, seguro de que su estancia en el poder no amerita ni la fotografía de la silla presidencial.

Pero aparece el Fotógrafo, encarnación de los ideales revolucionarios ya no pertenecientes a los líderes ideológicos como Madero sino al pueblo mismo, que observa y elige a sus gobernantes con base en muchas más variables que la mera ideología. Empieza una reflexión sobre el papel fundamental que tienen los medios de información en la construcción de la democracia y el Fotógrafo habla del deber social que todo medio tiene para con la sociedad a la que informa. En este sentido también se hace una crítica aguda a la fotografía de esa época como un registro triste, pero eficaz de las muertes ocasionadas por la Revolución.

El Ordenanza, un capitán a cargo de la seguridad del Presidente en el Palacio Nacional, encarna la lealtad del Ejército a su líder, misma que se ve socavada por el principal antagonista ausente Victoriano Huerta, quien en su calidad de militar está dando el golpe de estado. Pero también es la ambición, también susurra al oído de Lascuráin al lado del Fotógrafo y lo hace recapacitar la duración y sobre todo la legitimidad de su mandato fugaz.
Por otro lado, la Telefonista es el pueblo joven de México, un pueblo que aún no sabe responder a las necesidades de crítica de su gobierno. Confía ciegamente en su Presidente, le cede toda su completa lealtad. Sus servicios no son para la nación, son para el Presidente porque el Presidente es la Nación. Ella se entrega en su papel de agente de cambio, incapaz de ver más allá de las consecuencias inmediatas de sus servicios al Presidente. Pero la promesa del crecimiento del pueblo también encarna en la Telefonista,   ya que finalmente queda consciente de que sus servicios son al puesto del Presidente y no a Lascuráin. 



Con tu “Tú ya no puedes, Francisco. Tú ya no”, Lascuráin toma las riendas de su frágil e insustancial poderío. Pero en ese momento, el protagonista termina su transformación y deja claro que ya no es un encarnación del ideal revolucionario puro y socialista, sino todo lo contrario. Ahora la silla es suya por uno o dos mandatos, ahora la constitución está bajo su pluma y no sobre su espalda, ahora puede ordenar la captura de Huerta y todo aquel que se le oponga. Con una inocencia y una ingenuidad asombrosa, Lascuráin se convierte en una crítica de nuestro actual presidente, al decidir tomar el tema de la delincuencia como el más doloroso del país, más que la pobreza, la educación, el subdesarrollo.

Con referencias intertextuales que no pueden más que hacer sonreír al público, como la relación fugaz que mantienen Lascuráin y la telefonista que recuerda a varios fragmentos de la novela Noticias del Imperio de Fernando del Paso, se logra montar en escena una crítica aguda y cómica de un momento surreal pero importante en la historia del país. La corrupción del alma por el poder es el tema central que figura, y la redención final del personaje queda inconclusa, apenas esbozada por la terminación de sus 45 minutos de poder. 

viernes, 19 de noviembre de 2010

UN INSTANTE MÁS PARA NO OLVIDAR MIRAR POR NUESTRA PROPIA VENTANA

MIEDOS Y MILAGROS
COMPAÑÍA SUNNY SAVOY
25 años 18 de noviembre 2010
Ayer 18 de noviembre, en el Teatro de la Ciudad hubo danza. Se trató del estreno de Miedos y milagros de la Compañía Sunny Savoy, en el marco de su 25 aniversario de trabajo artístico. Su directora, Sunny Savoy, cumplió también 30 años de trayectoria artística, gran razón de agasajo.

De inicio un emotivo documental sobre quién es Sunny Savoy y cuáles han sido sus sueños y milagros. Luego de pronto invaden la pantalla una serie de pensamientos sobre la humanidad del deseo, su permeabilidad ante los miedos y la posibilidad del milagro…..“Se abre la ventana de nuestra propia verdad” y se levanta el telón.

Cinco ventanas, cinco sombras que con claroscuros van abriéndose ante el público. Todas son sombras femeninas que nos dan la impresión de intimidad y anonimato, como si estuviésemos viendo a un edificio de madrugada cuando sus habitantes comienzan a despertar, prenden las luces y lo primero que hacen es acercarse a su ventana.

El tono musical comienza a acelerar y de pronto ya estamos del otro lado de la ventana. Tenemos enfrente 5 cuerpos que trazan poco a poco una idea personal que se funde con la música y las breves frases de anónimos de fondo. Las ventanas se deslizan y entonces comienza el relato, ese conjunto de emociones, inquietudes, dudas y aspiraciones. Sunny Savoy nos va introduciendo poco a poco a su mirada del ser humano a partir de 5 frases primarias: la figura humana, la niñez, la muerte, el espíritu y lo terrenal.

Primero sombras, sólo figuras evocadas que nos invitan a adoptar alguna de ellas y por qué no, proyectarnos. Luego la niñez y el nacimiento, no importa la edad, pero hay momentos de suma vulnerabilidad, de capricho, de soledad e ingenuidad, de una necesidad por contar con al menos la sombra maternal. En contraste la muerte y la pérdida, el dolor ante aquello que se perdió, el apego a los otros y la lucha por suplirlos. Y entonces lo espiritual, de nuevo las 5 bailarinas como sombras, pero ahora que emanan alma; se deslizan de arriba abajo dejando un trazo detrás y nos recuerdan lo líquido, lo inasible pero perceptible, los que guía las aspiraciones e inseguridades, aquello que no puede explicarse sino con arte. Y finalmente, lo terrenal, el escenario inevitable de lo humano donde converge todo, donde necesariamente hay pasos forzados, inducidos, motivados o hasta obligados. Donde encontramos visceralidad y egoísmo, pero buscamos complicidad, apoyo y compasión.

Miedos y milagros es un viaje por la esencia de la realidad humana, pero no vista desde el conflicto, sino desde el milagro, atravesando el miedo y tratando de rescatar lo mágico de nuestra existencia.

Hoy Viernes, se presenta de nuevo a las 20:30 horas, en el Teatro de la Ciudad de Monterrey. ¡No falten!

domingo, 14 de noviembre de 2010

Nocturnos en Soledad


En el marco del XIII Festival Internacional de Danza-Extremadura-Lenguaje Contemporáneo se presentó ayer 30 de octubre la Compañía Estatal de Danza Contemporánea de Oaxaca. El festival clausuró con la presentación titulada Nocturno, memoria del viento, bajo la dirección general de Alejandra Serret con la participación de Rolando Beattie a cargo de la dirección actoral y la coreografía.
Nocturno, memoria del viento se presenta ante el público como una obra compuesta por cinco escenas o cuadros: fragilidad, susurros, del sigilo, en el silencio y tenue equilibrio. Ocho intérpretes, cuatro hombres y cuatro mujeres, se encargan de presentar en el escenario distintos momentos de la existencia humana, desde la solitariedad intrínseca a nuestra existencia hasta la plenitud que podemos encontrar con el otro.

El contraste es el leitmotiv de la obra que se construye a partir de contrapuntos presentados en cada uno de los danzantes. El introito deja claro el carácter emocional de los artistas: ese let me out nos permite apreciar la liberación que permite el arte, en especial la danza.

Los movimientos lentos y fluidos con los que inicia la liberación se transforman súbitamente, al compás de la música, en movimientos veloces y marcados de energía contenida que busca escaparse a como dé lugar. Poco a poco el escape parece dejar a los cuerpos en simples marionetas que responden a movimientos mecánicos, expresando claramente la fragilidad que envuelve al hombre, especialmente en el ambiente que genera un nocturno como forma poética.

Los susurros que inundan el escenario se escuchan sólo en la cabeza de los danzantes, pero se manifiestan para el público en los movimientos aparentemente desconectados de cada uno de ellos. El efecto creado es entonces uno de baile inconexo, porque el mismo ojo es incapaz de seguir la acción en todo el escenario. Sin embargo, así como el susurro es un sonido que apenas es escuchado por una persona pero puede crecer hasta ser escuchado por muchos, el baile se transforma y va uniendo a los ocho en un complicado entramado que da muestra de la flexibilidad del ser humano en el espacio mismo.
La pasión surge cuando la música se transforma en un tango donde los danzantes en pareja dan muestra de las complicadas relaciones humanas. Por un lado está el calor corporal que motiva la pasión, pero por otro está la seducción amorosa tentadora y aún por otro la pasión rechazada.

Finalmente, aparecen una vez en el escenario las flores físicas que metafóricamente portaban los danzantes en su vestimenta. Este elemento parece remitirnos en mano del joven al claro símbolo del amor que busca que lo correspondan, que inicialmente aparece rechazado pero finalmente encuentra su contraparte.

La soledad inicial da pie a la unión de parejas y grupos, así como el ser humano encuentra en el otro su compañía que permite encontrar más de sí mismo. Los movimientos lentos, casi imperceptibles, de los pasos finales permiten observar el paso lento de la vida, de las emociones humanas, de la existencia misma. 

(des)esperanza


En la Gran Sala del Teatro la Ciudad se presentó ayer sábado 30 la obra En Espera, bajo la dirección de Gilberto González. Participó en la asesoría dramática Juan Ramírez con la colaboración de la agrupación mexicana Onírico / Danza-Teatro del Gesto.

La vida no es más que una gran espera. Los intérpretes Ramón Solano y Miguel Nieto dan vida a dos marineros sentados en un muelle solitario, observando fijamente al mar en búsqueda de alguna señal del barco que vendrá a llevarlos. La utilería en el escenario, a cargo de Onírico, crea la ilusión perfecta de las olas del mar, el muelle y la nube triste que acompaña en su soledad a los hombres.

La mirada perdida de los marineros evoca el hastío de la espera, la desolación de aquel que no puede hacer más que sentarse y aguardar la llegada de alguien que dé sentido y propósito a su existencia. En el intersticio, no queda más que encontrar en el otro el acompañante perfecto para la aventura potencial.
Cada uno de los intérpretes presenta una personalidad  distinta, independiente, pero abierta al juego de dos. El baile surge entonces no sólo como un medio de expresión artística sino más que nada como lo que es, una manera de pasar el tiempo, de encontrar al otro simplemente por encontrarlo, de jugar y divertirse. Pero nunca se debe dejar de estar listo, porque si no pasa el barco y te deja en el muelle.

La música de Pascal Comelade y Raduza ameniza a los marineros en sus bailes, explorando la diversión de sus movimientos que imitan al mar y la tormenta. La mariposa aparece como ese elemento de la naturaleza que por su inocencia divierte y entretiene al hombre en su hastío. La belleza es algo que debe ser rescatado a toda costa, aún los hombres sencillos como los marineros lo saben, y la rescatan del mar.

Pero aún el hombre inocente e infantil contiene dentro de sí los problemas sociales que nos aquejan; las luchas de poder aparecen cuando el periódico se plantea como un elemento que podría desencadenar la muerte de la amistad en la soledad. Pero vence la solidaridad y los marineros prefieren ayudarse entre sí para combatir el hastío.

En la espera, el hombre se alimenta de sueños. La nube es el único sustento de los marineros, en un aparente juego de niños que ensombrece a la sociedad actual cuando los sueños son más grandes que los soñadores. La naturaleza muestra entonces su lado peligroso para el hombre; la tormenta arroja a los marineros de un lado a otros en la deriva sin llegar aún al mar.

El paso del tiempo aparece en los cuadros iluminados, a manera de imágenes estáticas. Este paso sólo motiva la solidaridad en los dos marineros; la espera se alarga y los barcos pasan a lo lejos. El tren que llega por detrás los espanta y hace recordar que la vida contiene más de un sueño; el que elegimos nos marca pero no es el único.

Finalmente y para dejar las cosas en claro, los marineros envejecen en el muelle. Las canas crecen, no hay más que hacer. La fotografía que toman del público no sólo rompe la cuarta pared sino que además los libera de su muelle. La vida es así una gran espera. 

Mi cuerpo se escribe


A partir de la colaboración de Germán Jáuregui y Laboratorio puntoD y bajo su dirección mutua se llevó a cabo ayer viernes 28 la puesta en escena de la obra Testamento en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad. El teatro físico surge como una manifestación alternativa de la danza, donde el cuerpo se expande para expresar no sólo a través del movimiento sino también a través del habla, de la escritura y del espacio.

La muerte es el final de la vida y como tal exige que uno reflexione sobre lo acontecido, lo acumulado y lo olvidado. El testamento como acto de escritura fija la existencia en un papel que no por eso es eterno: el fuego que aparece en el escenario devorando estos papeles cargados de vida da muestra de lo efímero de la existencia. Aparece entonces el cuerpo como el receptor primario de la vida, el texto fundamental sobre el cual se puede escribir y leer.

Con la participación de Cristóbal Barreto, Aladino Blanco, Alondra Castellano, Olga Gutiérrez, G’Ayla Iliria, Adria Rodríguez y Nayeli Santos se observan además las intrincadas relaciones sociales que enmarcan y dan forma a la existencia del ser humano actual. Las cenizas que quedan de ese testamento fugaz escrito ahí mismo se recuperan por los cuerpos como tinta en su interacción veloz pero fugitiva.

Cada uno de los siete danzantes es un texto y como tal entra en contacto con el otro. El papel del escritor se resalta no sólo por su presencia física en la mesa, la pluma y el papel sino también por su interacción con el resto de la sociedad. Así, la escritura aparece porque es el eslabón que une a los cuerpos; los artistas dibujan a través de movimientos sinuosos y fluidos sobre el cuerpo del otro sus emociones y sus caprichos. La acción, que en apariencia es de sujeto-escritor a objeto-papel, se trastorna súbitamente cuando el papel también es un sujeto vivo que se relaciona con otros.

En ese momento se establece el pacto: “me escribo y con ello te nombro”. Ya no se trata simplemente de un testamento individual, sino de varios que se entrelazan entre sí en complicadas relaciones miméticas de las que hoy en día tejen nuestras sociedades. La pasividad a la que aparentemente nos reduce nuestro entorno actual se subraya, el cuerpo rebota incapaz de sostener su propio peso, su propia voz; la escritura ya no es únicamente unilateral sino del otro sobre uno mismo. Los duetos dan lugar a tríos o cuartetos y una vez más los siete danzantes se entrelazan en una escritura con y sobre el cuerpo.

La vista como sentido primario se elimina y los cuerpos se atacan fluidamente hasta quedar seis tendidos como peso muerto: el testamento que nunca se dejó de escribir brilla ahora con su propósito. Pero aún queda esperanza: la vida regresa cuando el otro que aún respira decide compartir su esencia vital (majestuosamente simbolizada con el humo del cigarrillo) con esos cuerpos a través del recuerdo. Compartir el recuerdo es (re)vivir una vez más.

Así, a pesar de estar enterrados los artistas bajo conchas marinas, el espectador descubre que “es mentira que morimos”. Porque al tomar cada quien lo que más quiera de ese cuerpo-testamento renace la vida escrita. El “yo”  deja de ser simplemente eso y se convierte en un “nosotros” íntimamente conectado que resignifica cada una de nuestras acciones, pensamientos y palabras. Queda claro entonces qué tanto “soy la huella que dejaré para mis descendientes”.

La inmovilidad que el texto y la escritura parecen imponer a la existencia se convierte entonces en un juego infinito de posibilidades que Testamento no establece pero sí libera. El espectador se aleja con la tarea de escribir el suyo propio. 

I need you, 'cause without you I am nothing


En el teatro Espacio Rogelio Villarreal de la Facultad de Artes Escénicas de la UANL se presentó ayer jueves 27 de octubre el dueto Domenico Giustino y Olga Gutiérrez en un espectáculo nominado We will announce the title later en el marco del XIII  Festival Internacional de Danza-Extremadura-Lenguaje Contemporáneo. 

La obra, titulada así como una referencia clara al estilo innovador e improvisado que surge de la colaboración entre Domenico Giustino y Hector Thami Manekelha (quien acompañaría originalmente pero no pudo salir de su país natal por causas de fuerza mayor), da muestra de lo que hoy día exige una sociedad cansada de tanta intolerancia, de tanta apatía, de tanto mirar lo mismo.

La colaboración más que la dirección, la exploración más que sola presentación de una idea preconcebida es lo que marcó la velada. Con un introito pausado, cargado de sombras, de incertidumbres y de posibilidades, Domenico y Olga salen al escenario como dos seres en búsqueda de otro.

El autorreconocimiento del cuerpo en el momento y el contexto concreto es tan sólo el primer paso que el Ser debe llevar a cabo para pasar luego al descubrimiento del otro y reconocerlo como un igual. La represión que uno puede ejercer sobre el otro se estira y afloja en una búsqueda que no se conforma con la danza, sino que también explora el tacto, el olfato, la palabra misma. La vista, el sentido más engañoso porque presenta una imagen inconclusa, se niega para que el resto del cuerpo interactúe con el otro.

Una vez reconocidos, los dos cuerpos pueden plantearse sus dudas. ­­¿Qué es ser hombre? ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser un poco machista pero con conciencia? La cuarta pared desaparece y ahora no es sólo un cuestionamiento entre dos sino un cuestionamiento de dos hacia el resto, hacia los espectadores que no pueden más que contestar.

El cuerpo deja de ser simplemente un instrumento de baile y se convierte en un estuche de monerías que contiene voz y movimiento. Luego, la danza se concreta y se enfoca en sí misma para dirigirse a todos en una voz: “les quiero recordar que estamos en un estado de crisis”. Situados en un espacio concreto, la exploración se convierte en manifestación. En una búsqueda de sentido social que va más allá del otro en escena, aún más allá del público y se dirige al cielo eterno que no responde tampoco.

Sí, no, sí, no, sí, no: una sola respuesta que motiva a los artistas. Son dos cuerpos que son dos culturas: la ajena y la propia. Olga da vueltas sobre sí misma como el mexicano da vuelta sobre sus propios problemas, negándose a salir de un solo lugar común. Llega Domenico y la arrastra para juntos explorar nuevas maneras de danzar, nuevas maneras de ser y existir.

Cae la oscuridad y en ella sólo se escucha una voz I need you y unos chasquidos que reverberan en el auditorio generando ecos que se repiten en otras manos. ‘cause without you y los aplausos se multiplican, los ruidos que surgen de la cuarta pared destruida. I am nothing y queda claro que juntos Domenico y Olga han creado una nueva manera de ser que incluyó a todos los presentes.