domingo, 6 de febrero de 2011

Lascuráin o la Brevedad del Poder


El pasado sábado 5 de febrero se presentó la obra “Lascuráin o la brevedad del poder” en el Teatro Convex. A partir de un texto de Flavio González Mello y bajo la dirección de Leticia Parra, los actores que participaron lograron escenificar uno de los momentos más irónicos de la historia nacional. Con Alberto Meléndez como Pedro Lascuráin, Jan Marte Contreras como el Ordenanza, Gerardo Alonso Escamilla como el Fotógrafo y Alejandra Silva Salcido como la Telefonista, el elenco de la obra se ve completo y suficiente para plasmar 45 minutos de historia nacional que definieron el rumbo de la Revolución.



En la obra, cada uno de los cuatro personajes se presenta al espectador como la encarnación de distintos ideales revolucionarios. Lascuráin, el amigo íntimo de Madero, es la manifestación física de la lealtad y la nobleza revolucionaria, la urgente necesidad de cambiar a un gobierno por uno más acorde con el pueblo, la fortaleza para luchar en contra de un ejército corrupto pero también la debilidad del simple civil que decide encabezar esta lucha. El protagonista toma la escena apurado por salvar a su amigo Madero de la garras de Huerta, seguro de que su estancia en el poder no amerita ni la fotografía de la silla presidencial.

Pero aparece el Fotógrafo, encarnación de los ideales revolucionarios ya no pertenecientes a los líderes ideológicos como Madero sino al pueblo mismo, que observa y elige a sus gobernantes con base en muchas más variables que la mera ideología. Empieza una reflexión sobre el papel fundamental que tienen los medios de información en la construcción de la democracia y el Fotógrafo habla del deber social que todo medio tiene para con la sociedad a la que informa. En este sentido también se hace una crítica aguda a la fotografía de esa época como un registro triste, pero eficaz de las muertes ocasionadas por la Revolución.

El Ordenanza, un capitán a cargo de la seguridad del Presidente en el Palacio Nacional, encarna la lealtad del Ejército a su líder, misma que se ve socavada por el principal antagonista ausente Victoriano Huerta, quien en su calidad de militar está dando el golpe de estado. Pero también es la ambición, también susurra al oído de Lascuráin al lado del Fotógrafo y lo hace recapacitar la duración y sobre todo la legitimidad de su mandato fugaz.
Por otro lado, la Telefonista es el pueblo joven de México, un pueblo que aún no sabe responder a las necesidades de crítica de su gobierno. Confía ciegamente en su Presidente, le cede toda su completa lealtad. Sus servicios no son para la nación, son para el Presidente porque el Presidente es la Nación. Ella se entrega en su papel de agente de cambio, incapaz de ver más allá de las consecuencias inmediatas de sus servicios al Presidente. Pero la promesa del crecimiento del pueblo también encarna en la Telefonista,   ya que finalmente queda consciente de que sus servicios son al puesto del Presidente y no a Lascuráin. 



Con tu “Tú ya no puedes, Francisco. Tú ya no”, Lascuráin toma las riendas de su frágil e insustancial poderío. Pero en ese momento, el protagonista termina su transformación y deja claro que ya no es un encarnación del ideal revolucionario puro y socialista, sino todo lo contrario. Ahora la silla es suya por uno o dos mandatos, ahora la constitución está bajo su pluma y no sobre su espalda, ahora puede ordenar la captura de Huerta y todo aquel que se le oponga. Con una inocencia y una ingenuidad asombrosa, Lascuráin se convierte en una crítica de nuestro actual presidente, al decidir tomar el tema de la delincuencia como el más doloroso del país, más que la pobreza, la educación, el subdesarrollo.

Con referencias intertextuales que no pueden más que hacer sonreír al público, como la relación fugaz que mantienen Lascuráin y la telefonista que recuerda a varios fragmentos de la novela Noticias del Imperio de Fernando del Paso, se logra montar en escena una crítica aguda y cómica de un momento surreal pero importante en la historia del país. La corrupción del alma por el poder es el tema central que figura, y la redención final del personaje queda inconclusa, apenas esbozada por la terminación de sus 45 minutos de poder. 

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