domingo, 14 de noviembre de 2010

(des)esperanza


En la Gran Sala del Teatro la Ciudad se presentó ayer sábado 30 la obra En Espera, bajo la dirección de Gilberto González. Participó en la asesoría dramática Juan Ramírez con la colaboración de la agrupación mexicana Onírico / Danza-Teatro del Gesto.

La vida no es más que una gran espera. Los intérpretes Ramón Solano y Miguel Nieto dan vida a dos marineros sentados en un muelle solitario, observando fijamente al mar en búsqueda de alguna señal del barco que vendrá a llevarlos. La utilería en el escenario, a cargo de Onírico, crea la ilusión perfecta de las olas del mar, el muelle y la nube triste que acompaña en su soledad a los hombres.

La mirada perdida de los marineros evoca el hastío de la espera, la desolación de aquel que no puede hacer más que sentarse y aguardar la llegada de alguien que dé sentido y propósito a su existencia. En el intersticio, no queda más que encontrar en el otro el acompañante perfecto para la aventura potencial.
Cada uno de los intérpretes presenta una personalidad  distinta, independiente, pero abierta al juego de dos. El baile surge entonces no sólo como un medio de expresión artística sino más que nada como lo que es, una manera de pasar el tiempo, de encontrar al otro simplemente por encontrarlo, de jugar y divertirse. Pero nunca se debe dejar de estar listo, porque si no pasa el barco y te deja en el muelle.

La música de Pascal Comelade y Raduza ameniza a los marineros en sus bailes, explorando la diversión de sus movimientos que imitan al mar y la tormenta. La mariposa aparece como ese elemento de la naturaleza que por su inocencia divierte y entretiene al hombre en su hastío. La belleza es algo que debe ser rescatado a toda costa, aún los hombres sencillos como los marineros lo saben, y la rescatan del mar.

Pero aún el hombre inocente e infantil contiene dentro de sí los problemas sociales que nos aquejan; las luchas de poder aparecen cuando el periódico se plantea como un elemento que podría desencadenar la muerte de la amistad en la soledad. Pero vence la solidaridad y los marineros prefieren ayudarse entre sí para combatir el hastío.

En la espera, el hombre se alimenta de sueños. La nube es el único sustento de los marineros, en un aparente juego de niños que ensombrece a la sociedad actual cuando los sueños son más grandes que los soñadores. La naturaleza muestra entonces su lado peligroso para el hombre; la tormenta arroja a los marineros de un lado a otros en la deriva sin llegar aún al mar.

El paso del tiempo aparece en los cuadros iluminados, a manera de imágenes estáticas. Este paso sólo motiva la solidaridad en los dos marineros; la espera se alarga y los barcos pasan a lo lejos. El tren que llega por detrás los espanta y hace recordar que la vida contiene más de un sueño; el que elegimos nos marca pero no es el único.

Finalmente y para dejar las cosas en claro, los marineros envejecen en el muelle. Las canas crecen, no hay más que hacer. La fotografía que toman del público no sólo rompe la cuarta pared sino que además los libera de su muelle. La vida es así una gran espera. 

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